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La inteligencia artificial y sus retos de futuro

La inteligencia artificial puede provocar un gran impacto en la economía global, sobre todo en los sectores industriales, de educación y en los servicios públicos que dependen de los gobiernos. Su influencia resulta incontestable, en términos de productividad y crecimiento comercial, al ser capaz de arrojar conclusiones que serían inviables de otro modo. Su evolución y consolidación no depende de criterios meramente técnicos, sino que requiere del compromiso de los poderes público y privado, que deben asumir el reto de fomentar su uso entre las próximas generaciones. Así lo demandan expertos y analistas.

Su capacidad de procesar grandes cantidades de datos rápidamente es su gran valor, al inducir una toma de decisiones más eficaz y ágil, reduciendo los plazos necesarios para solventar problemas graves y afrontar situaciones complejas. AI final, provoca una nueva definición del término “producción” y transforma la vía clásica para medir el crecimiento económico en todo el mundo.

Así lo han demostrado múltiples ejemplos puestos en práctica en la última década y estudios de consultores que, como el más reciente llevado a cabo por Accenture, determina que, en 2035, la IA podría duplicar las tasas anuales de crecimiento económico mundial, por la vía del aumento de la productividad, la mejora de las habilidades y la capacidad de los empleados. En sus conclusiones, se subraya que, con el tiempo, las empresas con un buen uso de la IA, no solo harán las cosas de una forma nueva, sino que harán cosas diferentes.

Por ello, los expertos recomiendan poner en marcha planes que respalden su adopción en el sector industrial, el mundo educativo y todo tipo de administraciones públicas, al final, responsables de los servicios públicos que todos recibimos.

Invertir en IA, en el entorno educativo, no sólo descubrirá más talento, sino que será la base para lograr el máximo crecimiento económico que sea capaz de generar. En definitiva, una fuerza laboral altamente cualificada y competente, surgida del entorno académico y formativo.

La industria y el sector público serán los otros dos ejes sobre los que debe pivotar este futuro inteligente, a partir de una perspectiva técnica, social y económica.

Por ello, resulta fundamental para cualquier país o zona económica fomentar su uso entre las nuevas generaciones, calibrar su estudio y adopción desde los poderes públicos y privados. Gobiernos, empresas y centros formativos afrontan el gran reto de convertir la inteligencia artificial en auténtico motor económico y social de una nueva generación que se forme en nuevas especialidades surgidas a su alrededor, más allá de su origen o condición.

Un primer paso en esta senda puede ser demostrar el máximo compromiso de las partes implicadas en su desarrollo, crear bases sólidas que fomenten el talento, y favorecer su extensión a todos los sectores y funciones de la IA, de modo que se garanticen las máximas oportunidades educativas para todos sus miembros.

Destinar las inversiones necesarias, fomentar la cultura del aprendizaje y demostrar la valía de sus resultados serán elementos clave de este futuro, en el que las mentes más brillantes llevan años trabajando, para crear las bases necesarias de su consolidación.